Me duelen los dedos
de todas las cartas que aún no escribo
Me faltan lágrimas
paras las penas que aún no cuento
Se me seca la garganta y la voz
por mi historia
y la historia
de mi madre
y mi padre
y mi abuela
y de toda mi familia
que quiere ser contada
Llueve fuerte una noche de verano
como amarillo y verde a la vez
pero ya no tengo miedo.
Estoy conmigo.

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