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Una noche de verano

Me duelen los dedos

de todas las cartas que aún no escribo

Me faltan lágrimas

paras las penas que aún no cuento

Se me seca la garganta y la voz

por mi historia

y la historia

de mi madre

y mi padre

y mi abuela

y de toda mi familia

que quiere ser contada


Llueve fuerte una noche de verano

como amarillo y verde a la vez

pero ya no tengo miedo.

Estoy conmigo.



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A mitad de mis treinta años, después de muchos antidepresivos y ansiolíticos - porque sí estoy loca - puedo retomar la escritura pública de manera manejable. Porque la síndrome de la impostora está un poco más controlada y porque a la finales igual me llega a la punta del ojete lo que piensan o van a pensar de mi. Aquí escribo por placer y como me sale del culo, escribo para pensarme y repensarme, pero a la vez para mantenerme en pie, porque cuerda no quiero estar. Escribo para dejar constancia, por estos medios, de mi paso por esta tierra y que esta voz no se pierda en el olvido. Escribo para ser recordada. Hace unas semanas he cerrado mi facebook, me han dicho que ya no da rating y que ahora como todo es vintage es mejor regresar a esta plataforma. Así que, por aquí estaré compartiendo más contenido sobre lo que a mí se me de la gana. Y punto. Agradezco al valioso público por leer estas líneas. Háganmelo saber. Mere Rivera.